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BEBE

SE VA AL

CAMPO


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 

Bebé, se despertó una mañana con una nueva noticia.


 

Nos vamos al campo, le dijo su mamá, ya sabes que Papá cuida de los animalitos de la ciudad y ahora va a cuidar a los animalitos del campo, en la casa del lalo Roberto.


 

.- Pedo el lalo ezta allí.


 

.-Si, cariño pero como ya es mayor Papá va a cuidar a sus animalitos, para que no se pongan malitos.


 

.-¿En casa del Lalo hay nenes de la guarde? Preguntó Bebé, que hacía una semana que iba a la guardería.


 

.- No, pero hay una guarde muy bonita y vamos ha hacer otro cole para que los nenes conozcan el campo y a sus animales y podrás jugar con todos ellos.


 

.- ¿Pueden venir Nene y zu Mamá con nozotros? Preguntó Bebe algo preocupado.


 

.- Si mi amor ellos pueden venir. Le dijo su madre mirándole con una ternura que traspasaba el corazón.


 

.- Ahora tendrás que ser muy bueno y ayudarnos a Papá y a mí, vamos a estar muy ocupados durante un tiempo y tendrás que quedarte unos días en casa de la tía Marta.


 

.- ¿Cuando, cuando? Pregunto impaciente Bebé, pues le gustaba mucho ir a casa de la tía Marta, no tenía Nenes, pero sabía jugar a muchos juegos y contaba cuentos muy, muy divertidos.


 

.-¿Te acuerdas dónde vive la tía Marta?


 

.- Zi en el campo, cedca del Lalo.

Dijo Nené muy contento de acordarse de la casa de la Tía Marta.


 

La casa tenía muchos “sitios malos” pero él los conocía y sabía que no podía acercarse sin la Tía porque si ella no decía las palabras mágicas salían los duendes malos y le hacían pupa.

Pero cuando iba con la Tía Marta no tenía miedo porqué ella sabía las palabras que los encerraban.


 

La tía Marta era además la profe de la guarde del pueblo y estaría con ella todo el tiempo.


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 

Su casa se parecía cada vez más a una caja vacía hasta que llegó el día del viaje, estaba tan contento que casi se olvida de Nené pero cuando subió al coche con su Papa y su Mamá le vio y se quedó más tranquilo.


 

La casa del Lalo estaba tan llena de cosas que se quedaron con la Tía Marta.


 

El Lalo vivía con ella así que estarían todos juntos. Eso a Bebé le encantaba.


 

.- Hola Bebé, cada día estas más grande, espero que quepas en la cama del Lalo.


 

Tía Marta no lo decía en serio, pues la cama del Lalo era la más grande de la casa, era de madera y tenía techo y paredes de tela, y además alrededor le colocaban sillas para que no se cayera.


 

Bebé apenas veía a su Mamá y a su Papá, pues se pasaban todo el día en casa del Lalo haciendo cosas, pero por la tarde Tía Marta y el Lalo le llevaban a verlos al salir de la guarde y el Sábado y el Domingo les ayudaban a pintar o a dar de comer a los caballos.


 

A Bebé nunca se le olvidaría la primera vez que entró en la casa de los caballos, él los había visto de lejos muchas veces, pero cuando entró en la cuadra y los vio de cerca, casi se cae del susto.

.- ¿Podque zon tan gandes Lalo?


 

Y el Lalo que le había cogido en brazos le explicó que si no fueran así no podrían llevar encima a una persona.


 

Pero ahora como era más mayor, ya no le asustaban, pues eran buenos y cuando les daba trozos de zanahorias le hacían muchas cosquillas en la mano.


 

.- Tienes que tener la mano muy estirada, para que el caballo sepa lo que se tiene que comer, si no la estiras bien puede morderte sin darse cuenta. Le había dicho el Lalo y él era el que más sabía de caballos en todo el mundo.


 

Poco a poco la casa del Lalo se parecía cada vez más a la suya y su cuarto era casi igual pero más grande y ahora tenía todos los juguetes de antes y los que dejaba en el campo para cuando venía de la ciudad.

 

En la esquina cerca de la ventana estaba el caballito de madera que había sido de su Papá y que el Lalo le había arreglado para él.


 

Cuando se mudaron se puso muy triste porque se enteró de que ni tía Marta ni el Lalo vivirían con ellos.


 

Pero no te preocupes Ricardo, le dijo su abuelo que siempre le llamaba así, estamos muy cerca y nos veremos todos los días.


 

.- ¿Pedo podque no puedez vivir con nozotros? Dijo lloroso Bebé.


 

.- Es que ya soy mayor y en la granja vais a tener a muchos niños que van a montar mucho alboroto, pero te prometo que te iré a ver todos los días.


 

.- Yo hade que loz nenes ezten muy calladitos.


 

.- No es eso cariño, el Lalo tiene que descansar y en la granja siempre quiere ayudar y no podemos dejar que se ponga malito otra vez ¿Verdad? Le dijo su Papá tan lleno de razones que al fin le convenció.


 

.- Pedo yo vendré a verte todos los días para que no te ponas malito.


 

Esta bien, pero los días que no haya nenes iré para ver cómo cuidas a mis animalitos. ¿Vale?


 

.- Vale. Respondió Nené algo lloroso aun.


 


 


 


 

 

 

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